San Valentín y la vida en modo “pack de dos”

Vivimos en un mundo diseñado para dos.

Las mesas de los restaurantes se organizan en parejas.
Las camas tienen dos almohadas, incluso cuando dormimos solos.
Los arroces en la carta dicen : “ mínimo dos personas”

Y la verdad que cuando estas pareja no te das cuenta, pero cuando estas soltero notas esa discriminación cuando vas a un restaurante y dice ¿¿para uno??? O cuantas entradas quiere? Solo una?????  No me malinterpretes a mi verdaderamente no me afectan, pero si creo que habrá gente que deje de salir a lugares para que el maitre, no le mire con esos ojos de … ¿ de verdad vienes sol@?

Y no paro de preguntarme si de verdad estamos diseñados para vivir de a dos… o si nos lo han vendido tan bien que ya ni lo cuestionamos.

Y es que es precioso tener a esa persona al lado. Compartir lo bueno, lo malo, y lo cotidiano. Tener alguien que te conoce de verdad o que te acompaña. Eso es oro.

El AMOR mueve el mundo para mi es una realidad que observo a diario, aunque ahora estemos con este modo de empoderados, independientes y “yo no necesito a nadie”, el ser humano está hecho para vivir en sociedad. Para vincularse. Para querer y ser querido.

Y entonces llega el 14 de febrero

Saint Valentine, San Valentino, Santo Valentín… llámalo como quieras, pero llega.
Y se nota muchísimo: vas por la Gran Vía y los escaparates te gritan I LOVE YOU como si te estuvieran recordando algo que “deberías” estar viviendo.

Lo que pasa es que a veces confundimos el amor con el 14 de febrero.
Y el amor no es un día. Es un hábito.

El amor se cultiva como una planta. Todos los días. No es lo que haces “un día especial”. Es lo que vienes haciendo a diario.

De hecho, el otro día leía un libro que se llama Master the Day  de Alexander Heyne y contaban algo que me pareció súper real: alguien se levantaba y decía “ya no funciona” o “ya no soy feliz”. Como si hubiera pasado de un día para otro. Y no. Eso no pasa de golpe. Pasa poco a poco.

Pasa porque un lunes no dijiste nada.
El martes tampoco.
El jueves estabas “liado”.
Y el viernes ya estabais viviendo juntos… pero cada uno en su mundo.

O al revés: pasa porque sí estuviste.

Lunes: “qué guapa estás”.
Martes: “he pensado en ti” y un chocolatito.
Jueves: “vamos al cine”.
Viernes: la ves agobiada y la abrazas sin decir nada, durante un rato largo.

Ese tipo de cosas.

Y además, estamos todo el día fuera: trabajo, ruido, prisas, hipoteca, mil responsabilidades… y cuando por fin vuelves a casa, ¿no tendría sentido dejar todo eso fuera y convertir tu hogar en un sitio donde se respira?

Porque el hogar no es solo un lugar.
El hogar también es la persona con la que compartes la vida.

Y si ahora mismo no estás compartiendo la vida con nadie, entonces hazlo contigo.

Cuídate. Mímate. Dedícate tiempo.
Porque el amor romántico es precioso, sí, pero el amor tiene muchas formas.

Amor de amigo.
De hermano.
De mascota.
A uno mismo.
Amor por lo que haces.

Y para mí, una de las cosas más bonitas es sentir amor por el lugar donde vives. Hacerte un café, darle un sorbo y notar cómo se te calienta el alma. Eso también es amor. Y es hogar.

Así que hoy, con tanto corazón rojo por la calle, solo te dejo una pregunta:

En un mundo donde todos parecen amar lo de fuera…
¿cuándo vamos a amar lo de dentro?

Escribe tu consulta